PARA PROFUNDIZAR





Un porcentaje elevadísimo del estudio se realiza mediante la lectura. Ya sea a través de las tradicionales hojas de papel que contiene un libro, ya sea en soportes más modernos, como la pantalla del ordenador, al final, la mayor parte de la información que recibimos y usamos para construir nuestros conocimientos se realiza leyendo un texto escrito.
Los jóvenes estudiantes piensan que saben leer y, por lo tanto, no necesitan consejos para realizar una actividad que ya conocen. Nadie lo cuestiona puesto que se sobreentiende que un alumno o una alumna de educación secundaria sabe leer. Sin embargo, es muy probable que no se domine todavía de forma plena la compleja técnica de la lectura comprensiva. Leer un documento escrito de manera comprensiva no es, desde luego, hacerlo de cualquier forma. Requiere por parte del lector un sobresfuerzo, una tensión y una concentración que, además, tiene que acompañarse de tareas rutinarias indispensables y por lo tanto ineludibles. La más importante de todas, sin duda, la autodisciplina que entraña consultar de manera constante el diccionario para conocer el significado y sentido de las palabras que leemos.
Los estudios realizados por los expertos en educación revelan un dato muy preocupante: un número elevado de estudiantes de secundaria y todavía del bachillerato tienen dificultades para realizar de forma correcta y provechosa una lectura comprensiva. La consecuencia que podemos extraer de este dato es importante: si no comprendemos aquello que debemos leer para aprender, nuestro esfuerzo puede resultar totalmente inútil.


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